A veces, por mucho que duela, hay que saber cuándo tienes que cerrar ciertos capítulos.
Aunque no quieras, aunque pretendas transformarlos para crear algo nuevo.
Aunque eso te haga daño, aunque no sepas muy bien como hacerlo.
Y no es que te deje de importar, o que realmente sea lo que quieres.
Sino que, a veces, ya no puedes más.
Y, simplemente, lo dejas pasar.
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