Olía a suavidad y fuerza, a verde y azul, a bosque y a mar.
Olía a un deseo en la noche de San Juan, a una esperanza de año nuevo. Olía a renacer, a reescribir, a volver a escuchar, a releer.
Olía a brusquedad, a pasión, a ternura, a cariño. A amanecer y anochecer al mismo tiempo. A tranquilidad, a paz, a locura.
Olía a libertad, a un árbol lleno de pájaros, a una mañana de verano. Olía a arena, a hierba recién cortada, a lluvia en un día caluroso, a sol en un día lluvioso.
Olía a felicidad.
Pasarán años, y determinados olores seguirán transportánome a otros lugares. A otras compañías. Y si, por qué no, a otras felicidades.
ResponderEliminarY tras todo ese tiempo saltando de felicidad en felicidad, quizás llegue el día en que juntes todos esos olores y formes un único destello de tinta sobre el papel que un día empezaste a escribir.
ResponderEliminar