"Sólo recordamos lo que nunca sucedió"
Amanecía.
Ella volvía a casa con los zapatos en las manos por la fría y mojada acera.
Eran las seis de la mañana.
Volvía con los ojos llorosos, y el rímel corrido por su cara.
Amanecía.
A casa, a olvidarse, a, quizás, dormir.
Eran las seis y diez de la mañana.
Los zapatos estaban tan rotos que ni el mejor de los zapateros los podría volver a recomponer.
Amanecía.
En las manos, un puñado de sueños y de esperanzas.
Eran las seis y veintitrés de la mañana.
Fría y mojada, como su vida.
Amanecía, y al instante anocheció.
Eran las seis y media.
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